Tuesday, August 09, 2005

DE BUQUES ORINANTES, AVIONES, BALLENAS Y MUERTOS



Fui a la playa y estaba bastante vació. Obvio, es invierno y hacia frió. Que agradable porque odio a la gente… las aglomeraciones… los desfiles de idiotas. Me carga. Es la peor parte de mí. Me ponen odioso (más aun) y me llena de malos sentimientos. Pero no era el caso, porque estaba vació y pude ir al puerto a ver barcos. Había uno, bastante pequeño, pero gigante igual, oxidado, horrible, detenido ahí… mas encima botando un chorro de agua. Un paisaje para mi gusto, siniestro. Me quede ahí contemplando el buque orinante encerrado en mi mundo interior. Imaginando estar ahí mismo, en el agua, en la orilla. Tocando esa parte llena de oxido y mirando hacia arriba la mole de metal mientras ensombrecía el día al tapar el sol. Imagine que me sumergía con los ojos abiertos mirando cuanto mas abajo había de ese barco. Y me vi nadando hasta tocar su parte escondida. Me imagine todo eso, porque son las cosas que me producen miedo. Y son las cosas raras que me atraen. También mirar aviones de pasajeros y recorrer cementerios. Ver películas de vampiros y ballenas en altamar (aunque la única que vi fue el cadáver de la ballena del museo).
La ballena, como el buque orinante y los aviones de acero son la prueba de mi miedo a lo inmenso. Que en menor grado se manifiesta cuando veo un trailer o una pala mecánica. Por ejemplo hoy, aterrizo el Discovery y pensé que me gustaría verlo de cerca. Pero a lo mejor explota en el próximo viaje, así que mejor me quedo con mis aviones. Total se caen mas a lo lejos y por esta razón nunca se sabe cuando ocurrirá.
Este ultimo comentario, bastante macabro delata mi otro miedo, harto menos original, que es el miedo a la muerte. Pero no a la muerte filosóficamente hablando. Que latero hablar de lo profundo y la pena que deja el que parte (o termina). El miedo a los ataúdes, a todos los accesorios que adornan el ritual de la muerte. A los coches fúnebres y al ruido tenebroso que emana de los árboles del camposanto. El miedo a los muertos que vagan quejumbrosos y a los Condes con colmillos y traje negro. También a los que por alguna razón (algún químico militar o conjuro diabólico) despertaron. Y que se arrastran putrefactos buscando gente viva para alimentarse. Le tengo miedo a estas estupideces. Y también a algunas cosas más serias. Sin embargo por mucho que intento temerle a los verdaderos peligros de la vida, siempre término enfrentándolos con una seguridad inédita y sobrenatural. Quizás porque tomo mas en serio mi mundo imaginario que la vida misma y sus aburridas historias sin final.

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